Neymar no está roto

Voy a empezar autocitándome, o autoreferenciándome, que parece que hay poco «Pepe» por aquí y tengo que darme más cancha. Yo, yo, el periodista deportivo hip hopero, yo, yo. Vamos:

Mirad esta encuesta de twitter.

Ciertamente, nada definitivo. Entiendo que el número de votantes es escaso y que mis seguidores están sesgados por ser en su mayoría seguidores de deportes norteamericanos con diferente grado de entronque con el fútbol.

Aún así, juraría que en lo abultado del número, en el salto gigantesco que percibo en la opinión general entre Mbappé y Neymar ahora mismo lo que pesa es un Mundial que se ha saldado de manera lamentable para el brasileño. No porque jugase mejor o peor sino porque al jugador se lo ha comido el personaje hasta convertirle en una parodia de sí mismo. Y me parece injusto.

Neymar es un tipo que genera un rechazo intrínseco en buena parte de nosotros. Es así. No hay mucho que debatir ahí. Es teatrero de la peor especie, te rechinan los dientes cuando lo ves haciendo trampas de continuo sin ponerse ni colorado, te ofende su actitud y su comportamiento en el campo y fuera de él. Esto último es algo que carece de interés de entrada, pues allá cada cual con su vida, pero que se vuelve relevante cuando en sus equipos, sobre todo en el Paris Saint Germain, se entiende que embadurna el día a día del grupo. Nada que no se arregle con dos goles, pero ahí está.

Sucede que, además, es un extraordinario futbolista. Lo es. Cuando está en forma se cuentan con dos dedos de una mano los jugadores más determinantes e imparables que él. Tanto en el uno contra uno como en la definición, así como en la velocidad y la visión de juego, sus condiciones son absolutas e incuestionables. No estamos hablando de «un bicicletas». Aquí hay poso de sobra para determinar duelos.

A este Mundial no ha llegado fino. La lesión sufrida en el Bernabeu, en una noche en la que dio un recital de 70 minutos, al menos en mi opinión, cambió su temporada a tal punto que encabronó sin asteriscos a su equipo de Paris y dejó a Brasil como su único objetivo. Eso también es reprochable, pero se ha visto que en modo alguno estaba para mucho más.

Y es aquí donde aparece el factor Mundial para que la encuesta que he puesto antes vaya como va. De toda la vida de Dios sabemos que en un sólo mes se crean figuras de la nada. La de jugadores que han deslumbrado en mundiales y han sido fichados ipso facto por un valor de mercado cuatro o cinco veces superior al que tenían un mes antes. Pues lo mismo ha sucedido con Neymar pero al revés.

Es igual de injusto. E igual de peligroso. El brasileño no ha dejado de ser un genio de ésto por cinco partidos veraniegos, aunque sean de una importancia incuestionable. Tiene 27 años y, desde luego, va a seguir siendo una figura polarizante que saca de quicio a una mayoría genérica de seguidores del fútbol, así como va a tener un entorno que le haga ser difícil de manejar por el club en el que juegue, sea el PSG o sea otro. Sin embargo, Neymar no está roto. Qué va. Y seguirá teniendo un talento que no se encuentra de un día para otro.

Cuando Neymar vuelva a la cima mundial que le pertenece, y me da igual que sea el Balón de Oro o un top cinco, no se trata de eso, y monte barbaridades en los campos por los que ande, volverá a quedar claro que es absurdo juzgar a estos deportistas por lo que pasa durante un mes estival cada cuatro años. Solemos decirlo para bien, para no dejarnos cegar por los fogonazos de los que brillan de manera temporal, y es importante decirlo también en aquellos que no cumplen las expectativas.

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